viernes, 20 de agosto de 2010

Carta a diputados y senadores

8 de abril de 2006, Cd. Nezahualcoyotl

Señores diputados y senadores:

Desde la humilde alternativa en comunicación que nos ofrece la radio por Internet escribimos y publicamos está carta haciendo, ex profeso, caso omiso del protocolo que precede a éstas rúbricas porque creemos en el derecho a la libre expresión y en la necesidad democrática de la comunicación oral o escrita con nuestros gobernantes y legisladores. No tenemos, finalmente, algún motivo en específico por el cual escribirles una carta de la cual probablemente nunca se enteren que existe, por el contrario, tenemos muchos motivos de interés general para escribirla, y para publicarla, porque, a pesar de la calidad y profesionalidad que existe en AccesaRadio, la marginalidad en que se encuentran algunos medios de información como éste, hacen difícil que personas tan ocupadas como ustedes ocupen tiempo valioso del erario para leer algo con poco importancia. Sin embargo, y eso es algo que nos llena de orgullo, la creciente difusión de la radio por Internet hace posible que cada vez tengamos más audiencia como estación alternativa e independiente, y que, como programa que representamos, a saber, “Los apuntes de Kaguaman”, vemos la necesidad social e informativa de compartir con nuestros kaguaescuchas nuestra opinión que no es otra cosa que parte de nuestra conciencia social y, de paso, imaginarnos que ustedes nos están escuchando. Y pues ya en un poco de más confianza (porque si los elegimos es porque les tenemos confianza) de ciudadanos a legisladores, empezamos por platicarles un poco de nuestra estación de radio: AccesaRadio nace con la intención y el compromiso social que, evidentemente, no cubren la radio y la televisión en México, pensábamos en algo nuevo, joven y alternativo, ya saben cómo somos los jóvenes, bueno, quizá ya se les haya olvidado, de cualquier modo nació un buen proyecto que se concretó, varias propuestas llenan la barra de programación de AccesaRadio y una de ellas es “Los apuntes de Kaguaman” que es un programa de literatura bastante alivianado donde nos permitimos hablar de temas de todo tipo con una afluencia lingüística que ni el segundo piso del periférico tiene, y, en caso de que el ejemplo no sea muy claro, diremos que hablamos como diputados en sesión, exactamente, no nos limitamos, hacemos gala de todo tipo de adjetivos dirigidos y no dirigidos, vengan o no en el diccionario, aunque el formato del programa es algo que respetamos más que a sus mamás (las de ustedes), es decir, la literatura siempre está presente, no obstante el tema, suena raro, lo sabemos, pero tenemos la firme creencia –probablemente heredada de aquella idea romántica de la Ilustración- de que una buena parte del progreso integral de las naciones depende de la ilustración de los ciudadanos, y, por supuesto, ni dudarlo, de los gobernantes. No piensen mal, no lo decimos por ustedes, sabemos que para llegar a dónde están, han tenido que pasar por arduos años de estudio y preparación cívica y ética, es más, nuestro comentario se dirigía a que la Ilustración puede parecer una etapa en la historia occidental bastante lejana, pero recordemos que la evolución y el progreso de los pueblos es un proceso lento y paulatino que no se alcanza a apreciar, en ocasiones, en muchas generaciones. México es un excelente ejemplo de que los procesos históricos son lentos. Ochenta años de priísmo no nos han servido para descubrir las verdaderas intenciones de los políticos, no lo tomen a mal, no es ironía, de verdad, no sabemos las verdaderas intenciones porque normalmente los discursos de doble fondo nos sugieren relaciones veladas, promesas a amigos, o agradecimientos a sus favores, rechazo a algún grupo o persona, en fin tantas intenciones no declaradas que percibimos en su manera de hablar que nos hacen pensar, hasta cuaresma –que es un periodo de arrepentimiento y conciliación con el prójimo, que nos hacen pensar, decíamos, en que ustedes tienen malas intenciones. Los discursos han integrado elementos nuevos en su inventario de palabras demagógicas, por ejemplo la palabra democracia, que la usan con tal indiscriminación que compite seriamente con los chicos de RBD cuando se dicen “wey”, sin embargo el amasiato del discurso político con el poder ha seguido intacto, de verdad, sino pregúntenle a Don Diego. No piensen que les estamos reclamando, no, la palabra demagogia generalmente es tomada en un sentido injusto por los rojillos comunistoides, pero nosotros queremos rescatar su significado. Como todos ustedes saben –porque estudiaron mucho- con Maquiavelo se inaugura la teoría política moderna, es decir, en palabras de ustedes, “el fin justifica los medios”, y, en ese sentido la demagogia justifica el camino a la obtención del poder, o, en su caso, la demagogia justifica la retención del poder. Por supuesto sabemos que los que ostentan el poder, como poder de decisión, poder de legislar, o cualquier tipo de poder público que implique algún efecto en la vida de un pueblo, o, en palabras de ustedes, los gobernadores, los diputados, los senadores y, por supuesto el Sr. Presidente y su flamante esposa, quieren ostentar el poder por el bien del pueblo, nosotros no pensamos que vayan a vender el país a la iniciativa privada, en todo caso, no hay avances significativos en donde no intervienen los empresarios, por ejemplo. Pero dejemos a la demagogia y hablemos de autoritarismo. Esperamos que el tono jovial en que nos dirigimos a ustedes no importune a vuestras eminentísimas excelencias porque, acá entre nos, creemos que las estructuras feudales heredadas de los retrasados españoles introyectadas en el inconciente colectivo de la población mexicana aun prevalecen, o, en palabras de ustedes, la gente tiene cierta inclinación viciosa a reverenciar lo que parece una figura de autoridad, claro que eso no quiere decir que ustedes aprovechen esa situación, y menos los señores del PAN, entendemos que el coqueteo entre militantes y feligreses no es homosexualidad reprimida, seríamos puercos si pensáramos eso, y tampoco pensamos que aprovechan la profunda reverencia y sumisión que muestra el pueblo mexicano por los signos religiosos, claro que no, y eso se demuestra con solo ver la calidad moral de los señores del PAN, Dios los cuide y los guarde, y los reciba en su glorioso seno, pero, para estar seguros préndanle una veladora al jefe Diego, él sabrá interceder. No quisiéramos tocar el tema de la inseguridad porque cuando empecemos a hablar de ello, de las redes de corrupción, de los levantones, de pederastía, narcotráfico, asesinatos, robos de cuello blanco, huelgas sindicales, huelgas estudiantiles, tráfico de influencias, abuso de autoridad, grupos de choque que deshacen manifestaciones, en fin, todo eso que compete a los más malos de los malos del país, cuando hablemos de ello, decíamos, podríamos recibir un atentado como en el periódico de Tamaulipas, o podría llegar un carro de judiciales mandados por el “gober precioso”, o nos pueden levantar para posterior encajuelamiento, pero no piensen que lo decimos porque creemos que nuestras autoridades civiles sean una bola de ineptos y corruptos que no saben o no quieren cumplir con sus obligaciones, no lo decimos por eso, sólo que nos da un poco de temor con tantos atentados en el mundo, creemos que deberían dejar que el gobierno de E. U. ponga un muro en la frontera con nuestro país para que no pase nadie que esté fuera de la ley, es más, incluso deberíamos dejar que el FBI o la CIA tenga injerencia en los aeropuertos en territorio nacional, porque todo es por nuestra seguridad. Hay tantas y tantas cosas que nos gustaría platicarles señores legisladores, pero nos invade una tristeza infinita de saber que están tan ocupados legislando al vapor que no hay tiempo de que disfruten de su modesto salario, no crean que legislar al vapor es una ignominia, tampoco es un insulto, sabemos perfectamente, por ejemplo que la “ley Televisa” tenía que aprobarse lo más rápido posible por las implicaciones electorales contenidas, y sabemos que esto marca una era no vivida antes en ningún país del mundo, la era del mayor monopolio informativo desde el stalinismo, aunque con la diferencia que en ésta ocasión el estado es quien cede el control, el arma más importante de los Ilustrados que ya Kant enunciaba en su “Filosofía de la Historia”: la opinión pública, subvertida y dirigida contra los que antes defendía, una verdadera contradicción performativa, o, en palabras de ustedes, el fin del contenido de la radio y televisión públicas, pero no piensen que estamos en contra, no, sabemos que ustedes lo hacen porque si se mantiene el control del imaginario colectivo de todo un pueblo es más fácil hacerlos decidir, situación que coadyuva a la democracia, es la legitimación universal de la demagogia y su matrimonio con la democracia, o, en palabras de ustedes, ya tienen negocio para varias décadas, pero no ustedes, las televisoras, ustedes como buenos servidores públicos se conformarán con uno que otro spot en radio o tv que apoyen a alguna gobernatura. Creemos que por ahora es suficiente de pláticas, además nos espera un programa por conducir, un literato del cual hablar, unas cervezas para beber y algunas chicas que nos van a bailar, de esto último sabemos que ustedes no saben porque pasan mucho tiempo legislando, pero ya habrá más tiempo para platicar nuevamente, por lo menos con nuestros kaguaescuchas, porque tampoco creemos que tengan tiempo de escuchar nuestro programa, y acá entre cuates, les podemos decir sinceramente que está muy chido porque seguimos su ejemplo en el uso del lenguaje. Qué Dios los bendiga.

Kaguaman, Kaguaboy, Kaguapato, Kaguatrón

P. D. Malditos bastardos.

Que pase algo, un pase, algo, lo que sea

Me dijeron que era en la casa de Mario, por cierto, también era la del Gabo, del Rocho y del Luis. Le iba a caer el Big, pero tardó. Empezamos a beber y mucho, cinco mescalitos de a litro eran una buena propuesta, por lo menos era una propuesta para valientes. El Demiurgo, que también esperábamos, traía un nuevo viaje, literalmente hablando. La vida de yonquis les venía bien: a Mario, al Rocho, al Demiurgo y al Luis, el Gabo, el Big y yo éramos más alcohólicos, pero ocasionalmente también nos metíamos de la droga en turno que correspondía a la reunión, sin embargo el cóctel era variado: chochos, opio, mota, cristal, coca, anfetas y ácidos y lo único que no rifaba era lo que se inyecta, aun. Esta ocasión habría mota (yerba siempre había), chochos y alcohol, y a no ser por la promesa de la tierra prometida del Demiurgo, que consistía en un viaje chido sin síndromes postavión y de una calidad irrebajable, decía, de no haber sido por esa promesa, hubiera sido una reunión cualquiera. Ahí estábamos vaso tras vaso y churro tras chocho, entre discusiones existencialistas que eran superadas únicamente por el testimonio material de nuestro cuerpo intoxicado, porque ¿quién ha dicho que el mejor discurso es el ejemplo? ¿sería algún profeta, o algún filósofo? Quizá fuese algún drogadicto, en fin, el caso es que los profetas, los filósofos y los drogadictos se parecen mucho, de hecho, en más de alguna ocasión se ven encarnados en la misma persona. Para cuando el demiurgo llegó el efecto de lo ingerido había provocado que extrañáramos menos la promesa de la tierra prometida y que nos concentráramos más en encontrar la tercer botella de mezcal que en algún lugar de aquél extenso e increíblemente sucio departamento estaba. Una regla implícita en las reuniones de los compas, siempre y cuando fueran en la casa de Mario, era que había que comer lo menos posible, porque el baño llevaba dos meses tapado y para solventar alguna necesidad que lo involucrara, los baños del mercado eran la solución, sin embargo, en el estado de intoxicación que el necesitado profesara hacía ineluctablemente difícil la travesía que ya de por sí era bastante larga. Por fin llegó el ya no tan esperado Demiurgo el cual se ha ganado a pulso su apodo, gracias a ciertos hechos metafísicos forzados a voluntad. El primero en probar fue el Gabo, antes de desmayarse se convulsionó un poco, regresó con cara de extrañeza y confundido, pero al cabo de dos minutos ya estaba como antes. Pues si, en eso consistía el viaje prometido, consistía en desmayarse intencionalmente, y vaya que era un viaje desconcertante. Mi turno llegó después de patear a Mario que se estaba quedando dormido sobre los vidrios de un vaso roto. Primero se sentía como una neblina cada vez más densa me envolvía, hasta que no ví nada, después recuerdo que me hablaban, una voz lejana luego más cerca y luego abrí los ojos. Lo curioso es que no reconocía a nadie por unos segundos. Eso explicaba la cara de extrañeza del Gabo cuando despertó. En verdad algo raro, era como si acabara de llegar, como no nos hubiéramos ingerido ya dos litros y medio de mezcal y no hubiéramos ponchado como 10 churros, ni siquiera recordaba haber pateado a Mario, cosa que cuando me dijeron me sorprendió bastante y hasta tuve deseos de pedirle disculpas. El efecto no duró mucho, al cabo de unos 10 minutos me sentía igual de borracho y recordé el motivo que había tenido para pegarle a Mario, bueno, en realidad, inferí que había recordado el motivo del hecho de que ya no me remordía la conciencia.

Pasamos todos por el viaje, incluso el demiurgo, yo mismo lo desmayé, previas indicaciones. Sólo faltaba por llegar el Big Máscara, ya había tardado. Luis abrió la puerta después de escuchar algo así como el timbre. El Big no se decidía a entrar y Mario y yo necesitábamos ayuda para levantar al Rocho que se había caído del sillón sobre su vómito porque el demiurgo estaba controlando las convulsiones del Gabo que había decidido desmayarse por segunda vez. De todos los reunidos, probablemente, el que más tolerancia tenga al alcohol sea el Big y el hecho de que hubiera llegado tan tarde implicaba que a nadie del resto se le podía pronosticar una noche de conciencia. El Big se las arregló para emparejarse con nosotros aunque no tanto como para acceder al desmayo.

El resto de la noche transcurrió entre pláticas que fluctuaban entre la filosofía y el arte, temas bastante pertinentes en nuestro estado de intoxicación. Lo que siguió fue una mañana de cerebros inflamados y mentes que intentaban recobrar, mediante recuerdos entrecortados, pedazos de identidad. Aun había sobrado una botella de mezcal que, acordamos, mezclarla con algo de café. Así pasamos hasta bien avanzada la tarde, otra vez borrachos y varios de nosotros con ganas de ir al baño, tuvimos que ir al mercado, de paso podríamos comprar una caja de galletas para todos. Había acabado la reunión, nada nuevo había sucedido, el gusto de vernos y la necesidad de exponer nuestras teorías estéticas habían acabado en resaca, como siempre. Pasamos enfrente de un puesto de periódicos, alguno de los titulares decía: “Tres encajuelados, torturados y ejecutados”. Nada pasaba, el miedo y la hipocresía que eran cosas con las que vivíamos todos los días no pasaban, se quedaban. Sólo el escándalo, el efecto de la droga y del alcohol pasaban, había que recurrir a más, siempre sucedía, algo tenía que pasar.

Kaguman y Kaguaboy contra las Estirapitos

Serían, quizá, las cinco y algo andaba buscando unas específicas señales. La disponibilidad y flexibilidad deben caracterizan a cualquier héroe de poca o mucha monta, pero esta vez el problema era mayúsculo, no había más equipo de apoyo que Kaguaboy y el Kaguamóvil, el Santo en la misión del trasbordador espacial Lunave, Blue Demon conduciendo un programa en canal 40 que terminaría siendo el más inédito de la historia, Mil Máscaras y Dos Caras en el programa especial de alta prioridad contra la osteoporosis, en fin, sólo éramos tres contra la mayor amenaza desde el peligrosísimo chupacabras. Circulábamos despacio por las calles más periféricas de Chimalhuacán, el barrio de la mujer más violenta de la zona metropolitana, es decir, La Loba, no sabíamos a qué nos enfrentábamos, la llamada había sido bastante confusa, sólo se distinguía algo así como: “qué pedo ca… no ma… stoy bien pisto… asshúdame… caguamas… calientes… ches rucas, acá en Chima…”, aquello parecía como un telegrama de los que mandaba el burras cuando se ponía a chupar con Don Cipriano, el que mandaba los telegramas, les empezaban a mandar a sus dizque novias recados de amor, de modo que el problema estribaba en la dificultad físico-logística del rescate en una zona controlada por La Loba y sus priístas del mal, en terreno de difícil acceso, bastante agreste, y, por si fuera poco, teníamos tanta información sobre la misión como la que EU tenía cuando empezó la invasión a Irak, sólo sabíamos que era en Chima, las demás palabras podrían significar muchas cosas, por ejemplo: lo podían haber estado torturando con caguamas calientes unas inches rucas, o, que hay unas rucas calientes y varias inches caguamas, o, que le ayude con las caguamas mientras él va por unas rucas calientes a Chima, o, que no caliente las caguamas y que me espera en Chima con unas rucas, o, que las rucas de Chima son bien calientes y ellas ponen las caguamas, en fin, la anfibología de las frases entrecortadas nos podía dar material para volver a escribir la Enciclopedia Británica. Sin embargo, no podíamos ser tan confiados, muchos rumores corrían por aquellos rumbos de horribles asesinatos, las víctimas siempre eran varones y compartían la horrenda característica de cadáveres de tener enredado en el cuello su propio miembro, situación que hablaba de las horribles torturas a las que eran sometidos, dicho sea de paso para alguien como Kaguaman aquello no era una tortura, pero para los demás simples mortales, estirarles sus 15 cm hasta convertirlos en 70 debería ser algo bastante doloroso. Otras características que presentaban las víctimas es que murieron ebrios y en alguna situación moralmente censurable según la cosmovisión de las recientes viudas, es decir, si eran casados, les estaban poniendo el cuerno a sus esposas, y si eran solteros, estaban queriendo seducir a alguna delicada florecilla. A aquella muerte los forenses le llamaron la muerte del ahorcado orgulloso.

Como decía, serían las cinco y algo las calles eran polvosas y funcionaban a razón de tres baches por metro cuadrado, pronto el ocaso vendría a hacerse aliado de las mujeres estirapitos. Llevábamos casi tres horas de recorrer calles llenas de propaganda priísta, baches, polvo y cantinas y en cada cantina revisábamos las señales secretas donde se dice en el bajo mundo que se concentran la mayoría de sectas satánicas, sádico-masoquistas, grupos de mujeres cubanas que tejen chambritas con la cara de Fidel Castro, y, lo que más nos importaba, la secta milenaria de las estirapitos que cada coyuntura política hacían su aparición con oscuros rituales secretos de venganza y deseo de control absoluto del ámbito político, económico, alcohólico y moral de la sociedad masculina. Las señales era una leyenda que aparentemente nada tenía que ver con la secta, y era: “Bienvenidas a la secta secreta de las estirapitos”, de modo que teníamos que tener los ojos bien abiertos. Pasamos frente a una cantina donde había dos mujeres afuera a modo de anuncios vivientes el lugar se llamaba “La estiradita”, pero no vimos la señal esperada, aun cuando la aventura ya había terminado no nos explicábamos por qué no habíamos visto la señal de la secta y antes de retirarnos del lugar caímos en la cuenta de que el motivo de la ausencia de percepción de la señal fue porque estaba entre paréntesis, y la verdad, generalmente, nos da hueva leer lo que está entre paréntesis, casi nunca es importante. Mediante una decisión democráticamente discutida Kaguaboy se dispuso a entrar primero al lugar no sin responder al empujón motivador con una queja: “no mames Kaguaman, siempre me toca lo mas pelado”, nada había que objetar a la exclamación kaguaboyana, parecía una cantina normal, con gordas y muchas cervezas, la verdad toda la tarde había estado muy pesada y merecíamos un descanso. Pedimos dos cervezas, un plato de botana y dos gordas pal estrés, las llevaron enseguida. Bebimos un buen rato, hasta que un vecino indignado por que el kaguamóvil quedó bloqueando su entrada llegó manoteando y vociferando: “vas Kaguaboy mueve la nave pa que el ruco no la haga de pedo” le indiqué a mi fiel compañero, regresó al cabo de 10 minutos y fue directo al baño en el cual tardó 15 minutos, situación que de inmediato despertó mi cuarto sentido, intentaba dirigirme al baño cuando Casandra me detuvo y me empezó a acariciar la entrepierna, pude aguantar solo 15 minutos en esa situación mi cuarto sentido me indicaba a gritos que tenía que ir al baño antes de que algo peor pasara. De tres pasos estuve en el baño y gritando: “órale pinche Kaguaboy ¿estas cagando fideo o qué pedo? El cuarto sentido ya casi se me sale…” no acababa de gritar cuando alguien me puso un arma en la espalda y me tapaba la boca mientras me esposaba, me introdujeron al baño y abrieron una puerta falsa, me empujaron al fondo del cuarto donde vi a Kaguaboy atado a una cruz grande y con los pantalones abajo y dos mujeres estiraban su miembro mientras él babeaba con los ojos en blanco, lo cual enfurecía más a las mujeres y él más babeaba, de todos lados. Una mano detrás de mi me indicó mudamente la suerte que me esperaba, y era una cruz escoltada por dos mujeronas que hacían que Martha Villalobos se viera como Rosita fresita, fui colgado de la cruz junto a Kaguaboy y empezaron la faena con la consecuente reacción similar a la de mi compañero. Estaban tan enfurecidas las mujeres por la reacción no esperada de nuestros portentosos cuerpos que descolgaron una motosierra y dos hachas de la pared que estaba decorada con objetos para todo tipo de perversiones sexuales y nos dijeron: “si así no les duele entonces se las vamos a cortar y luego los vamos a colgar del techo con sus propios pitos”. Tal determinación nos hizo ver que la situación estaba dura, bastante dura, estábamos desesperados y yo con ganas de mi cuarto sentido, y en ese justo momento me llegó la inspiración de la idea que nos salvaría y entonces le dije con educación y resignación fingida a quien parecía ser la líder la banda: “señorita estirapitos, parece inminente nuestra ignominia, y tras ella, nuestra inevitable muerte, quisiera pedirle mi última voluntad” a lo que ella me contestó enfadada “habla bastardo y que sea rápido” “no quiero morir sin haber desalojado mi vejiga, verá usted, en caso de que corten mi pene antes de orinar podría ser poco grato para ustedes, y si me favorece con mi última voluntad, ustedes no resultarán manchadas y yo moriré satisfecho”, después de unos segundos de reflexión la jefa dijo: “suéltenle el pito, que mee”. Lo siguiente fue un verdadero caos al grito, de: “eyección radioactiva de orines de una peda de tres días” aquello parecía una manguera de bomberos fuera de control, orines por todos lados, Kaguaboy estaba empapado, las cuerdas de sus pies se empezaron a desintegrar, junto con mis esposas. Por fin estábamos libres de nuestras ataduras, pero aun había que salir de aquél lugar, sin embargo otra vez nos vimos rodeados por las terribles estirapitos, cuando, estrepitosamente cayó la puerta falsa del baño que conducía a la habitación secreta donde estábamos, era la policía, treinta y cinco elementos del grupo de asalto de operaciones especiales amagando a todos y cortando cartucho, nos pusieron a todos de rodillas con las manos en la cabeza, en la de encima del cuello y nos dijeron: “¿quién fue el hijo de perra que dejó su maldita carcacha enfrente de la entrada de donde metemos las patrullas?” Kaguaboy me vio con mirada culpable y me dijo en voz baja “eso quería decirte Kaguaman, es que no sé manejar y sólo pude estacionar el kaguamóvil ahí…” Me levanté y le di un beso en la frente a Kaguaboy y dije con las manos en alto, yo fui oficial. Fui esposado y llevado a una patrulla- perrera donde le expliqué al comandante los pormenores de nuestra misión. Toda la banda de las estirapitos fue arrestada y encarcelada. Kaguaboy, con su infinita pendejez, nos había librado de la muerte del ahorcado orgulloso. El Changuito, el compa por el que originalmente había empezado la misión estaba en la cantina de enfrente, borracho como una cuba y luchando por acabarse un caldo bien caliente de mollejas para que se le bajara lo ebrio y acompañado por dos ruquitas, su tía y su madrina, que no podían llevarlo cargando a su casa.

El diario del enano

Encontré una vieja libreta de hojas amarillas y con pastas de cuero, arrugado y polvoso que contenía unos mapas estilografiados con extraños caracteres de otra lengua. En un análisis posterior en el kaguartel general pudimos ver que era una lengua extraña que sólo conocían los viejos sabios voladores de Apan, ellos la habían aprendido en sus múltiples viajes al mundo del la baba de oso. De la libreta maltrecha y vieja sólo pudimos extraer algunas páginas más legibles. De soslayo menciono que encontramos la libreta en el mismo lugar donde regresamos al enano revienta-huevos a su mundo y presumiblemente la libreta le pertenecía. Tras una ardua labor filológica promovida por los mismos vapores alucinantes que otrora hacían transportaban a los sabios ancianos al mundo paralelo de la fantasía logramos traducir los pocos folios legibles de aquél extraño documento. Era ni más ni menos que el diario del enano revienta-huevos. La curiosidad que nos embargaba cuando empezamos la labor se tornó en sudor frío y terribles presagios. Nuestro último encuentro con el enano había sido favorable a nosotros, con mi ayuda Kaguatrón se había librado del enano maldito, pero malas augurios habían acompañado a los sueños de Kaguatrón los últimos meses que sugerían que el enano estaba de vuelta, sin embargo, esta vez el tiro ya no era con él, era conmigo. Definitivamente era el enemigo más escurridizo y el que había causado más daño a la liga de la Kaguama. No teníamos otra opción que enfrentarlo. El diario del enano que a la letra transcribo no supone ninguna temporalidad lineal como la que cotidianamente usamos, aunque hay referencias a hechos que nos dan indicios sobre el momento en que sucedieron los acontecimientos, no podemos determinar con precisión las fechas ni lugares, entre otras cosas porque el tiempo y el espacio en el mundo paralelo de la fantasía no se suceden con las mismas reglas que el mundo de la vigilia. Sin más les transcribo el diario:

Día de tres lunas sordas

“Ese bastardo cree poder librarse de mí. Supone que sus estúpidas salidas a sus propios infiernos están dentro de él, no he visto lógica más torcida, no hay salida a sí mismo, o, en el mejor de los casos encontrará una salida a sí mismo para encontrarse consigo mismo. Imbécil, no sabe que la puerta detrás del yo es una puerta condenada al fracaso sin nada detrás de ella, salvo su desesperación a la novena potencia.”

Dos días perdidos en la luna

“Con todo y su discípulo se irá al infierno. Jamás había visto un hombrecillo tan empecinado en librarse de mí, hasta pidió ayuda a esos estúpidos viejos borrachos, nadie que me conozca siquiera de vista puede estar tan seguro de ganarme. El destino es un ave de rapiña al que ningún ratonzuelo puede escapar, se necesita ser también un ave de rapiña para poderme aventajar. Falta que se pregunte en su infinita estupidez si acaso yo soy su destino soy más que eso, soy su padre, su madre, conmigo duerme, caga y coje, soy su más honda depresión y su más concurrida soledad.”

El día que la luna lloró hasta el amanecer

“Maldito perro bastardo, mil veces maldito, hijo de mala hora de un burdo suplicio que llamaron parto. Trae más ayuda perro, no te será suficiente con Kaguaman, aunque ya conozcan el secreto de la muerte dulce. Soy más grande que mis debilidades y ustedes no son más que dos estúpidos cuya suma son sus propias debilidades. Llora luna, llora las catástrofes que se avecinan porque cuando sucedan no tendrás alma para soportan tanto dolor. Esa cuna que semejas cuando la ternura te invade servirá para colgar los cadáveres (uno en cada cuerno) de dos imbéciles que han osado contravenirme.”

Las tres preguntas de los astros

“Puedo no ser Dios, pero mi fuerza vital me sobrepasa, soy voluntad pura, por ende, soy voluntad de destrucción. La felicidad es una quimera de los débiles y estúpidos. Ni Kaguaman ni Kaguatrón son voluntad pura, como yo, ellos no son de este verdadero mundo, a menudo lo sueñan, pero eso no quiere decir que lo habiten, ni que lo vayan a habitar. Los atan sus mujeres, su moral y su conocimiento. Este mundo no es de conocimiento aquí ya todo se sabe, aquí el conocimiento es un sinsentido, aquí hay dolor, locura y muerte. Sólo contestaré una de sus preguntas odiosos cuerpos celestes, y les diré que del dolor y sólo del dolor depende la entera dinámica de la existencia, y yo soy el encargado de inflingirlo, sobre-todo a los estúpidos sensibles.”

Cuando la luna vio nacer a la tragedia inversa

“La hora está cerca, la masacre se avecina, las manos me tiemblan y los dientes me crecen. Ya huelo la sangre y los gritos de desesperación. Ya veo los cabellos arrancados en el piso. Ya desempolvo el manual de los mil castigos y recorro con calma el diccionario de mis vicios sádicos. Hoy morirán dos en vez de uno. No me importa el secreto de la muerte dulce, morirán antes de poderme hacer algo.”

La luna sonríe

“He perdido. Subestimé a mis enemigos. Uno es bastante viejo, hasta podría decir que nació anciano. El otro tiene una voluntad creadora que me hace preguntarme por qué no se ha suicidado. Éste último ocupará el lugar de mi venganza y el viejo ya tendrá su turno. Sólo fue una charamusca, no me han vencido. Recuperaré fuerzas y sabrán de mí otra vez.”

Un ave de rapiña espanta a la luna

“El momento de la debilidad suprema de los creadores ha llegado, me lo dijo la bruja que habita al otro lado del río de sangre. Kaguaman está vulnerable, su fuerza creadora flaquea. El Idilio del amor lo ha trastocado, empieza a creer en el mundo que habita y no hay mayor debilidad para un hombre que creer sus propias mentiras. La mentira ha sido quien ha dominado sobre los estúpidos pero siempre bajo el disfraz de la verdad inmaculada. Tiembla como un perro mojado y huérfano. La desesperación te va corroer las entrañas y no seré yo quien arranque los cabellos de tu cabeza, lo harás tú mismo creyendo tu nueva mentira, porque el dolor no se matiza con dolor. Tu fuerza creadora te abandonará y buscarás un columpio en un bello jardín, tu mirada quedará clavada en el vacío de tu alma y sufrirás las mil muertes sólo para ti ideadas. Tiembla perro.”

Ese fue el último folio que tradujimos del diario del enano. El cariz autobiográfico de lo que escribía nos hacía preguntarnos si en realidad no era un diario y fuera tal vez una amenaza directa. Lo amargamente cierto es que el enano tuvo razón. Su venganza se ha estad haciendo patente. La liga de la Kaguama está en peligro.

Esto fue lo último que se supo de la liga de la Kaguama tal como se conoció. Todos desaparecieron por rumbos diferentes. Cada uno tiene su historia que, irremediablemente –como tragedia griega-, convergen las historias de todos. Ya habrá tiempo de rehacerse, de contar todas por partes y con detalles, a final de cuentas, la Liga de la Kaguama ha renacido, y esta vez re-cagada, es decir, más cagada que antes. En fin, en la primera batalla con el enano Kaguatrón y yo salimos bien librados, con la ayuda de los viejos voladores de Apán y su viscoso secreto, pero ya lo decía el enano en su diario, eso, que para nosotros fue la madre de todas las batallas que habíamos tenido con nuestras archienemigas, para el enano fue únicamente un ligero escozor en el escroto. De modo que estábamos seriamente en peligro. Y sucedió todo tal cual se estaba configurando, es decir, fuimos derrotados, brutal y categóricamente aplastados como una jodida cucaracha. El gran complot se cernió sobre todos nosotros. Todos nuestros enemigos se volvieron perseguidores de la misma causa y cerraron filas. Al final de todo nadie quedó en píe. Los que no fueron apresados y torturados, tuvieron que huir, y el resto nos traicionó. En fin, habrá lugar para relatar parte por parte. Sin embargo, lo importante, después de salvar la vida, era conservarla, y, en una visita furtiva a lo que fue el último kaguartel temporal (que, por cierto, aun estaba vigilado), encontré otros folios similares a aquellas viejas y amarillentas hojas que alguna vez tradujimos, aquello que parecía ser el diario del enano. ¿Sería acaso posible que estuviera enfrente de otra parte del diario del enano? ¿Y, en caso de que así fuera, qué hacía allí? ¿Sería una nueva trampa? Guardé las hojas, y en mi refugio subterráneo me apresuré a traducirlas. No es ocioso mencionar que el tiempo que pasé perdido con la bruja blanca no fue en vano, aprendí muchas cosas, tantas que por poco no regreso. En fin. Transcribo lo que logré traducir:

El tedio, la desesperación, la incertidumbre, la angustia, el dolor son las verdades base del método científico, es decir, cualquier científico en su sano juicio no haría otra cosa que desear la franqueza concreta y real con que se muestran estos estados metafísicos de existencia humana. He aquí la metafísica determinando el camino de la ciencia. “¿Qué estará diciendo este insensato?” Preguntará algún sensato a la mano. Déjenme explicarme: habrá quien pasé una tarde agradable, llena de buen humor y una conversación interesante, y, sin embargo, llegue a su casa a dormir con ganas de no amanecer más ¿qué será aquello que es tan universal y absoluto en los seres humanos? ¿qué categoría ontológica supondrá

La prisa

La premura apremia

Apura el vértigo

De la caída infinita

La velocidad del viento

Y el agua en catarata

Como quien viaja en motocicleta

Como la velocidad del amante precoz

El tic-tac avanza implacable

Con velocidad crecen las canas

Salen arrugas tan rápido como maldiciones

La premura apremia

Quince para las cuatro y es hora de desayunar

Y no habrá tiempo para la cena

Treinta años es mucho tiempo

Para haber pasado tan rápido

Como el agua entre los dedos

Cuando se vierte sobre la charola de la existencia

Encontré un amor, pero ya es tarde para amar

Si la hubiera encontrado dos siglos antes

Muchas palabras en poco tiempo

Dicen poco

Pero cantidad, no calidad pide la premura

Ding dong, la puerta suena al compás

Del omnipresente tic tac

El que llama tiene prisa

Quiere tirar la barrera (la puerta)

Es una mujer, pero yo tengo prisa

La hago pasar y le quito el pantalón

¿Besos? Es tarde, ya no tienes pantalón

Tenemos cinco minutos

¿Acaso no es eterno el absoluto?

No hay que mentir, ni decir la verdad

Es usar palabras de más

Hablemos en silencio mientras producimos

No hay que pensar en matices

Hay que decir si

O no, mientras se saborea el Jamás

Y hay que odiar al Siempre

Ayer nací y hoy ya soy viejo

Pero no es mi culpa

En mi casa siempre hubo relojes

Y jamás faltó el trabajo

He ahí los dos padrinos

De boda de la Moral y el Tiempo

Se han conocido desde la Eternidad

Y la corrompieron en Suplicio contínuo

El instante se mudó a la Nada

A habitar en el absoluto, donde Dios

En el cielo de los helenistas

Los que aman con ideas

Y evitan el colesterol

Aunque tengan prisa

Después de todo, la vida se ha ido

Aunque quede tiempo para el después

Y el porvenir

El futuro de un buen hombre

La prisa del futuro cierto y seguro

La suerte del bondadoso sin tiempo

Para la bondad

Ya es hora

El tiempo se ha acabado

Sólo el egoísta que guardó su tiempo

En el baúl de lo perecedero

Con la etiqueta de inmortal

Ya es hora

Ha terminado su vida

Sin tiempo, sin amor, sin bondad

Y la mía

En unos versos apresurados.

La razón y su creador

No hay esperanza

Los ciegos ya pueden andar solos

Y los que ven no se reconocen en su época

Caminamos de lado para no tocar al otro

Y lo insultamos con la mirada vacua

El hedor de la breve historia sin sentido nos impregna

Las metáforas son especies en peligro de extinción

La siniestra razón ha triunfado

Y su más grande logro es caminar sin titubeos a su propia destrucción

Pero en su agonía nos patea la cabeza

Nos escupe silogismos inmaculados

Analiza a la Belleza y la destaza en partes

Que después se cuelga en un collar hecho de cadenas irrompibles

Nada hay más exacto que la muerte

Y en el camino se nos pregona la estética de la agonía

El gran Tormento hipócrita se engalana de Progreso

Y nos promete el mundo de las Ideas

Y de los sueños americanos

(¿Acaso Platón inauguró el capitalismo?)

Las desgracias han sitiado el mundo

Nunca la Razón había sido tan estúpida

Ha llevado a su creador al pedestal del mundo

Le ha vestido ropa de rey y orgullo de princesa

Le ha hecho caminar por los senderos fríos del sin-sentido

Le ha tirado sus juguetes de la infancia

Le ha engañado y le ha torturado

Y ahora caminan juntos a la horca

El hombre a su destrucción

Y la Razón a consumar su existencia con la paradoja de su muerte exacta

El epitafio dirá: “aquí yacen dos imbéciles que nacieron en este mundo y vivieron en el propio”.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La Emboscada

La orden del Estado mayor era precisa: había que acabar con el enemigo no importando los recursos ni el número de bajas. El enemigo tenía dos semanas causando estragos en la quinta división, casi había desaparecido por completo el 23 regimiento de caballería, y del cuarto escuadrón sólo quedaban cuerpos incinerados. La táctica enemiga era aplastante, literalmente, pero esta vez un grupo de oficiales que pertenecían a la guardia de élite de la división de inteligencia para situaciones especiales habían elaborado una estrategia que devolvía las esperanzas a la quinta división. Las maniobras requerían de una organización logística impecable, cualquier error operativo podía acabar con la operación y con la quinta división, porque, irrevocablemente la reacción del enemigo sería barrer con toda la campaña, sería, definitivamente, el fin de un pueblo. En vista de las características físicas y de comportamiento táctico del enemigo la mejor estrategia era una emboscada, no cualquier emboscada, del tipo más peligroso, porque consistía en interceptar el paso al enemigo sin que se diera cuenta e infiltrarse en su propio cuerpo, para corroerlo por dentro hasta que cada soldado quedara con las mandíbulas llenas se sangre. Desde la legendaria batalla de Issos donde Alejandro Magno venció a las tropas imperiales de Dario III con un número de 200, 000 soldados incluidos mercenarios griegos y la tropa de élite de los 10 mil Inmortales contra apenas 40, 000 soldados macedonios y griegos, desde aquella e inmemorial batalla ganada gracias a la bravura y táctica militar impecable, desde aquel cruento prodigio de cadáveres ninguna batalla que me sea conocida tuvo tantas expectativas de fracaso como la que se empeñaba la guardia de élite de la quinta división.

El terreno era el primer obstáculo a vencer. Había llovido por varios días seguidos, y había sido necesario reinstalar el campamento con todas sus provisiones debido a las inundaciones causadas por los arroyos cercanos que se habían desbordado. Incinerar los cuerpos se había vuelto una proeza necesaria. Con el terreno tan mojado, hacer una fogata era casi tan difícil como hacer más de una comida al día porque, además los víveres empezaban a escasear. Sin embargo, las fogatas eran absolutamente necesarias, de otro modo, todo el regimiento podía perecer de enfermedades causadas por la podredumbre de los cadáveres. Cualquiera se hubiera horrorizado de contemplar el campo de batalla después de una jornada de lucha. Se podía confundir el cuerpo al que alguna vez habitaba alguna cabeza sino se conocía al dueño en vida, y, en ocasiones, eran tantas las cabezas separadas de su origen natural que se recogían cráneos y cuerpos por aparte, y hasta se quemaban por separado a fin de no ofender la memoria de los caídos poniéndoles un cuerpo que nunca les había pertenecido. En el mejor de los casos había que buscarle una cabeza a un cuerpo o quemarlos aparte, sin embargo, era otra cosa con las manos y las patas arracadas de tajo, todas éstas iban juntas ya con los cuerpos, ya con las cabezas, estaba totalmente fuera del alcance de la división organizar una comisión que se dedicara ex profeso a separar manos derechas medias con sus similares, o patas izquierdas de la tercera articulación para abajo. Todos los pedazos debían ir a un solo lugar. En teoría, porque más tarde, en las memorias encontradas de un teniente del cuarto regimiento describía detalladamente la práctica del canibalismo de las extremidades inferiores y superiores de todo el cuarto regimiento como –así se justificaba él- medida extrema de supervivencia. Sin embargo, los delicados consejos culinarios de que se hacían alusión en las memorias del teniente, hicieron dudar de que el teniente hubiera perdido la razón antes de ser el mismo decapitado en batalla. No obstante esa historia se conservó como el secreto a voces más morboso del cuarto regimiento.

Las inundaciones no habrían de afectar al emplazamiento del campamento, la táctica misma se vería afectada en tanto justamente, por las zonas inundadas, pasaría el enemigo, de modo que hubo que proveerse del equipo necesario para maniobras acuáticas. Quizá el cansancio físico y moral de las tropas era el mayor impedimento. No era fácil ver caer en pedazos a amigos, primos, hermanos y además ser derrotados una y otra vez. La caballería estaba exhausta y maltrecha, y quedaban sólo la mitad de los infantes que llegaron a la campaña y los que quedaban estaban heridos y hambrientos.

Por alguna extraña razón lo único que no habían perdido era la bravura innata de su especie y el deseo de supervivencia. Incluso en los campos de concentración se daban casos de gente que no quería suicidarse aun a sabiendas de que les esperaba una muerte horrible y dolorosa; el deseo de vivir los mantenía sin el valor cerrar los ojos para siempre por su propia cuenta. Pese a los inconvenientes de la última acción desesperada de la quinta división, estaban listos para intentar la mayor proeza de sus vidas o morir como lo que eran, soldados imperiales y grandes guerreros. He visto, en mis otras vidas, a samurais temblar de miedo ante la idea del seppuku, sin embargo, su código de honor los guiaba, pero probablemente ninguna especie de la creación tendrá jamás tanto valor en sus entrañas como la quinta división, qué por valentía pura, eran capaces de ser desmembrados y aun luchar con mordidas contra su verdugo.

Se escondieron en los lugares acordados. Unos detrás de unos arbustos gigantes, otros más, con el equipo de maniobras acuáticas, debajo del agua, sólo un pequeño grupo de los infantes más osados esperaría, como señuelo, justo enfrente del enemigo. Había serias posibilidades de que el enemigo ya hubiera adivinado la táctica, sin embargo no se podía dar marcha atrás. La vibración en el piso anunció la llegada próxima del enemigo, se sentía ya su andar pausado y desconfiado. Había que esperar, aun estaba demasiado lejos. Cuando faltaban tres segundos para iniciar el asalto el nerviosismo traicionó al que comandaba el regimiento de caballería y mandó al ataque. De inmediato los infantes que estaban de señuelo arremetieron de frente, y con ellos el resto de la infantería llenos de confusión que pensaban subsanar con ferocidad. El quipo acuático que estaba compuesto, en su mayoría, por la guardia de élite siguió su táctica al pie de la letra aunque antes de tiempo. El error fue fatal para algunos. Tres segundos fueron suficientes para que el enemigo realizara una maniobra desesperada, pero, peligrosamente defensiva, retrocedió un poco y luego repentinamente se abalanzó contra los valerosos infantes frontales matando a todos, y de paso a la tercera parte de la caballería, aquél, sin embargo, fue el momento ideal para que las dos terceras partes restantes incursionaran en el espacio enemigo sin que aquél se diera cuenta y poder iniciar el ataque que permitiría que la guardia de élite y los infantes restantes arremetiera con todo.

El enemigo dejó escapar un alarido de dolor mientras la caballería hundía sus filosas mandíbulas en la carne viva. La situación de confusión permitió al resto de las tropas trepar por los tenis y dentro del pantalón y hacer lo mismo que sus compañeros de batalla. El enemigo gemía herido como toro bravo.

- Malditas hormigas hijas de puta –vociferó con rabia y dolor el enemigo.
- ¿Qué chingados te pasa Kaguaman? ¿Ya te dio la chiripiorca? –preguntaba el regimiento de apoyo del enemigo, que hasta ahora no se había contemplado en la táctica.
- No mames wey, se me subieron unas putas hormigas… ayyyy, hijas de la chingada… ayyyy… me voy a quitar el pantalón –gritaba el enemigo desesperado.
- Kaguaman, te recuerdo que estamos en la calle –dijo el apoyo del enemigo sin atreverse a entrar en batalla, parecía con miedo.
- Me vale madre, no quiero que lleguen a los huevos, ya los tengo bastante grandes como para que todavía me los hinchen… ayyyyy… no mames… ayyyy –gritaba son parar el enemigo en lo que parecía el principio de la victoria de la quinta división.
- Jajajajaja, te ves re cagado brincando, parece que estas bailando break dance… jajaja –se limitó a decir el apoyo, sin defender al que llamaba Kaguaman.

La victoria, por fin, parecía inclinarse del justo lado de la quinta división, cuando, repentinamente los bravos guerreros del 23 regimiento de caballería comenzaron a caer uno a uno, como si fueran muriendo debido a una parálisis de funciones vitales. A éstos le siguieron en la caída los infantes. Todo parecía inexplicable, el enemigo no había matado en batalla más que a unos cuantos, los demás estaban atacando sin piedad sin ser heridos cuando repentinamente murieron. Los cuerpos caían como gotas de lluvia. Los últimos en caer fue la guardia de élite. Ahí estaba la última esperanza de la quita división, regada por el piso en forma de cuerpos inertes, pero completos. El enemigo arrasó por completo a los restantes. Todavía, los que agonizaban sin brazos o sin patas, antes de exhalar su vida y su victoria fallida, alcanzaron a escuchar la conversación burlona entre el enemigo y su regimiento de apoyo:

- No mames Kaguaboy, qué putiza me pararon las pinches hormigas, parecía que estaban poseídas –decía el enemigo.
- Jajajajaja, qué putiza les paraste tu wey, te picaron y se murieron las pobrecitas, imagínate cuánto alcohol tienes en la sangre… jajajaja –decía el regimiento de apoyo.
- Ya no la hagas de pedo e invítame una chela para el dolor, porque Kaguaman, una vez más está a salvo.